Una tarjeta de identidad con la foto de otra persona no es identidad

Una nueva nación comenzó a surgir a partir de 1821, un pueblo que por siglos había sido dominado por los españoles se enfrentó con la necesidad de encontrar una identidad que le había sido borrada y casi destruida, tarea que hasta hoy no ha sido lograda en su totalidad y donde la historia de la escogencia de la Flor Nacional de Honduras es ejemplo de ello.

La Bandera de la Raza

La Bandera de la Raza, un conflicto con nuestra identidad nacional

En el tiempo de nuestra independencia los nuevos líderes habían sido educados bajo patrones y costumbres españolas, una sociedad que en gran medida había reemplazado los telares y lenguas nativas por trajes al mejor estilo europeo y el idioma de los españoles, pero no solo fueron las indumentarias y lo que se hablaba, la mente también siguió cubierta de patrones que venían del otro lado del mar.

Exaltación y olvido de la identidad

Hasta el día de hoy, la historia de nuestros pueblos autóctonos no ha recibido una severa investigación y muchos menos la exaltación que merece, esta situación no es nueva y es un rastro donde las evidencias abundan, el mejor ejemplo es que en las escuelas se obligaba a los niños a aprender y a cantar el himno de “Bandera de la raza” donde se exalta y califica de “un milagro” el “descubrimiento” y colonización española; cuando por otro lado no existe el himno de los mayas, lencas o siquiera un himno que exalte la presencia indígena como etnia, sus aportes culturales y miles de detalles que son dignos de contar y cantar a todo pulmón y por supuesto con todo el valor para sentirse orgulloso.

Si bien Honduras es una mezcla de patrones étnicos y culturales, el hecho de exaltar solo lo español y olvidar los otros orígenes y culturas, son solo un reflejo de esa falta de identidad, la misma que existía en tiempos de la colonia.

Rhyncholaelia digbyana, Flor Nacional de Honduras- Foto de Ricardo D. Meraz

Rhyncholaelia digbyana, Flor Nacional de Honduras- Foto de Ricardo D. Meraz

Un ejemplo a seguir para corregir los yerros es lo ocurrido con la escogencia de la Flor Nacional, privilegio que por décadas la tuvo la Rosa, flor nativa de Europa, Asia Norteamérica y África noroccidental y que es figura literaria de obras que seguramente también vinieron del otro lado del mar, afortunadamente y a partir de 1969 el título se le otorgó a la Rhyncholaelia digbyana, una especie de orquídea epífita originaria de Honduras.

Una muestra más de que lo concerniente a nuestra identidad merece la revisión debida, no se trata de criminalizar nuestra herencia española, se trata de poner las cosas en su lugar y darle la importancia que se merece a lo que existió en nuestras tierras hace más de 4,000 años.

Ya al billete de Lempira se le quitaron las plumas, es tiempo de desplumar otras cosas más.

 

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