La maravillosa poesía hondureña

Un país de herencia indígena cambió el curso de la vida de millones a raíz de la llegada de los españoles, punto de partida para la adopción de una nueva lengua con la cual distinguidos seres pensantes de una nueva nación encontraron en la poesía el camino para expresarse, para hacer trascender sus ideas, pensamientos y sentimientos.

reyes

En la poesía se ven reflejados acontecimientos personales y colectivos, alegrías, romances y tragedias, sueños de progreso, libertad y opresión, un universo tal cual el intelecto, una inmensidad de ideas.

El precursor de la poesía en Honduras

La poesía en Honduras no pudo tener mejor pionero que José Trinidad Reyes, uno de los padres de nuestra nación, testigo del cambio de una colonia a un país independiente, testigo del dolor de un pasado y de un futuro escabroso, y es precisamente “La Independencia” una de sus obras la que les compartimos a continuación:

Pero antes de iniciar les invitamos a deleitarse con las obras de cientos de poetas hondureños

A LA INDEPENDENCIA – José Trinidad Reyes

¡Libertad, libertad¡ ¡don del cielo!

Tu por siempre de Honduras serás

La deidad que venera y adora

Ofreciendo el incienso en tu altar

¡Que de males oh, América te hizo

El osado Colón al hallarte!

¡oh¡, si al cielo pluguiese a otra parte

Su funesto bajel conducir.

El te puso a los pies de Fernando

Y te dio por esclava a la Hesperia,

A esa España que en triste miseria

Con sonrisa te ha visto gemir.

Tus feraces terrenos se apropia,

Y sus hijos de tu oro sedientos

A ti corren cual buitres hambrientos

Que un océano a atajar no bastó.

Infeliz Moctezuma, tu viste

A tus playas llegar esa gente,

y la víctima fuiste inocente

que el avaro español degolló.

Un idioma es verdad que te ha dado,

muy hermoso fecundo y sonoro:

mas a precio más caro que el oro

y que de otro precioso metal

Libertad esa lengua te cuesta,

Libertad es el precio que has dado,

Libertad ese don tan amado

Aun del bruto y fiero animal.

¡Ignorancia te dio en patrimonio

De las ciencias la entrando vedando

A tus hijos ah, cruel! condenado

Del trabajo servil al rigor.

Inventó distinciones de razas

Que apodó con odiosos renombres,

Y trato como a bestias los hombres

Que no traían de Europa el color.

Mas por fin, dulce patria, te vino

el instante de dicha y ventura:

el Eterno miró tu amargura

y escuchó tu clamor con piedad.

De la déspota España rompiste

Aquel yugo que cruel te oprimía,

Y rayó para ti claro día

En el que el pueblo grito: ¡Libertad!

El infame sus labios ensaya

Pronunciando este acento sagrado:

Y el anciano al sepulcro encorvado

Repitiéndole quiere morir.

Si alguien quiere en tirano erigirse

Y del pueblo usurparse el derecho.

Un puñal vengador en su pecho

De su audacia lo hará desistir.

Hondureños, en mármol y bronce

De aquel día grabad la memoria,

Y cantares de loor y de gloria

En anual regocijo entonad.

Que no olviden jamás vuestros hijos

Como fue de sus padres la suerte,

Y tendrían por más dulce la muerte

Que una vida en que no hay libertad.