La increíble historia del ruso que descifró el código Maya

Quinientos años pensando que todo lo que los mayas habían dejado plasmado en textos nunca podría  haber sido descifrado tuvo un enorme revés en 1952 ante los descubrimientos de Yuri Knórozov, pero la comunidad científica puso en duda su descubrimiento el que recibió el reconocimiento mundial hasta 20 años más tarde, hoy la comunidad científica conoce el significado de los textos mayas gracias a la tenacidad y curiosidad de un ruso que ni siquiera era arqueólogo.

Siendo un soldado ruso en Berlín comenzó el camino del descubrimiento

Siendo un soldado ruso en Berlín comenzó el camino del descubrimiento

Un increíble encuentro providencial con los mayas

Previo al involucramiento oficial de Rusia en la Segunda Guerra Mundial, Yuri Knórozov, recién había ingresado a la facultad de Historia de la Universidad Estatal de Moscú Lomonósov, pero tuvo que abandonar momentáneamente su carrera ya que ingresó a los ejércitos rusos en la rama de artillería, esta acción le llevó a ser parte de las tropas que entraron en Berlín en mayo en 1945 donde en medio de la destrucción pudo observar dos libros metidos en cajas las que habían sido dejadas en la calle y en donde encontró dos libros que le llamaron la atención, eran “Los códices mayas” de los hermanos Villacorta y “Relación de las cosas de Yucatán de Diego de Landa.

Al leer “su botín de guerra” le pareció algo muy interesante y más aún la creencia que los códigos mayas eran indescifrables, tema de investigación que abordaría de lleno después de concluir sus estudios como lingüista, en donde inicialmente dedicó su tiempo a la egiptología, la lengua árabe y los sistemas de escritura de la antigua India y China.

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El punto formal de inicio de sus estudios mayas comenzó al ingresar al Instituto de Etnografía de Leningrado, tiempo del cual comenta:

“Cuando era estudiante, leí el artículo El desciframiento de la escritura maya: problema irresoluble del prestigioso investigador alemán, Paul Schellhas, – cuenta Knórozov en una entrevista. – Decidí que no podía aceptar su tesis. ¿Cómo puede ser un problema irresoluble? Mi tesis era y siempre será la misma: lo que fue creado por una mente humana puede ser entendido por otra mente humana. En este sentido, los problemas sin solución no existen y no debe existir en ninguna área científica”, afirmó Yuri. Y así fue.

El descubrimiento del significado de los códigos mayas

Los descubrimientos de Yuri comenzaron precisamente con uno de los libros que encontró en las calles de Berlín, los escritos de fray Diego de Landa, realizados en 1570 y de donde y tomando un ángulo distinto al que todos los que habían intentado descifrarlos, logró encontrarles la lógica y patrones.

Fue así que Knórozov logró extraer 29 signos del alfabeto maya, que unido al estudio de códices de París, Madrid y Dresde, le permitieron deducir que los glifos mayas consistían tanto en signos utilizados para representar palabras completas como en signos que representaban solamente sílabas. Por otro lado, también supuso que cuando se usaban dos glifos de sílabas formadas por consonante–vocal, la vocal de la segunda sílaba se omitía.

Detalles que se veían complicados porque las escrituras precolombinas estaban en Maya y las referencias originales en Español antiguo, lenguas que desconocía, e incluso nunca había estado en un sitio Maya en su vida.

Cuando le preguntaban a Knórozov por qué fue precisamente él quien consiguió descifrarlos, el científico respondió que la gran mayoría de los que lo intentaron habían sido arqueólogos, mientras que él era lingüista.

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Descubrimiento, ridiculización y reconocimiento

Como usualmente sucede, al presentar Yuri sus descubrimientos, estos fueron catalogados por los expertos como “equivocados” debido a que Knórozov en ese tiempo “era un don nadie” en comparación con el británico Eric Thompson, el especialista en mayas más respetado de la época y él que se convirtió en su más acérrimo detractor.

Pero la gloria es tardía pero segura cuando se trata de exaltar la verdad y en 1992 el investigador británico Michael Coe publicó el libro Breaking the Maya Code (Rompiendo el Código Maya, en español) en el que reconoció oficialmente el acierto de Knórozov y los errores de su compatriota.

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