Los guerreros de Curarén y la iglesia que construyó el diablo

Curarén es un municipio de Francisco Morazán cuya historia cuenta con detalles que han trascendido el tiempo y la fantasía, un pueblo “de indios” que peleó por la libertad y cuya iglesia se dice fue el mismo diablo quien la construyó.

Los ejércitos hondureños de Morazán eran temidos, los Curarén y Texiguat

Los ejércitos hondureños de Morazán eran temidos, los Curarén y Texiguat

Morazán fue respaldado por ciudadanos de varios países de Centroamérica, pero dentro de sus tropas, los más aguerridos y temidos eran los hondureños, especialmente los soldados de Curarén y Texiguat.

Los soldados de Curarén

Justo en el parque central de la comunidad se encuentra un busto de Francisco Morazán, que a diferencia de los demás instalados en el país es más bien un homenaje a sus más aguerridos soldados, los Curarén y Texiguat, quienes según los registros, y a pesar de no ser muy numerosos, eran “El As” bajo la manga de nuestro prócer, soldados aguerridos que lograban lo que se proponían, es así que ambas comunidades rinden con orgullo homenaje a Morazán y en el caso de Texiguat, ahí se encuentra en pie el antiguo cuartel del Paladín Centroamericano.

La iglesia que construyó el diablo - Foto de Marisol Coello

La iglesia que construyó el diablo – Foto de Marisol Coello

La iglesia que el diablo construyó

Pompilio Ortega, personaje de nuestra historia que se encargó de recopilar y difundir las leyendas, costumbres y folclor de nuestro país, publicó la historia de la iglesia que el diablo construyó.

La leyenda cuenta que siendo Curarén un pueblo de extracción indígena había sido olvidado por la iglesia católica la cual no les había construido una iglesia, ante tal situación los miembros indígenas de la comunidad se reunieron y planearon hacer un pacto con el diablo a cambio de sus almas, trato que el mismo alcalde firmó con sangre, lo convenido era que el diablo debía construir la iglesia antes que el gallo cantara “Cristo Nació”.

Después de la firma, los pobladores abandonaron la comunidad junto a sus animales porque era parte del trato, el diablo con su gente trabajarían a oscuras, la noche cayó y a lo lejos se observaba y escuchaban enormes piedras rodar desde la montaña y un enorme movimiento de trabajadores alzando las paredes de la iglesia, todo mientras el mismo diablo supervisaba los trabajos.

Los pobladores temblaban al ver que se irían al infierno, pero de la nada cantó un gallo el cual y según el trato quería decir “Cristo Nació”.

Nadie supo de donde había salido el gallo porque todos se habían retirado junto a sus propietarios, el diablo enojado le dio una patada a una de las paredes cuya marca ahí quedó.

Pero lo que había ocurrido es que una viejita quien no participó en el pacto había escuchado todo y decidió quedarse escondida junto a su gallo al cual metió en un cajón, cuando la anciana vio que el diablo se acercaba al final de la construcción agarró su candil y lo encendió de forma que la claridad afuera de la caja hiciera creer al gallo que había amanecido y así fue como cantó.

 

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