Los hermanos: Francisca y José Trinidad Reyes

Uno de los personajes más conocidos de la historia de la educación de Honduras es el Padre José Trinidad Reyes, miembro fundador de la Universidad de Honduras y prócer nacional, pero pocos saben que él tuvo una hermana llamada Francisca Reyes, con parecido tan increíble que sirvió como modelo para esculpir el busto que La Patria le ofrendó a su hermano, un curioso pasaje de nuestra historia que La Otra Honduras nos comparte este día.

Esta es la Escuela Francisca Reyes dedicada en memoria de una de las precursoras de la educación en Honduras

La Escuela Francisca Reyes dedicada en memoria de una de las precursoras de la educación en Honduras – Foto de SAP

¿Por qué no se casó la Maestra Chica?

Nuestra nota de hoy es realmente curiosa y les sugiero que no se pierdan el dato que nos regala al final. También la encontramos en el libro de don Pompilio Ortega, Patrios Lares, y dice:

La señorita Francisca Reyes, digna hermana del padre José Trinidad Reyes, fue de las primeras maestras que tuvo Honduras. A ella debemos, especialmente, la democratización de la enseñanza: antes de su tiempo, a la escuela donde asistían los hijos de los nobles no les era permitido educar sus hijos a los pobres.

Como en su tiempo, la niña Francisca era la mejor maestra, lo mismo que su establecimiento, cuentan que a las protestas de la nobleza porque admitía “algunas del pueblo”, contestaba con una amabilidad que no encubría la firmeza: “Todas necesitan aprender”.

Entonces no era como hoy; a la escuela asistían jóvenes adolescentes de ambos sexos. Entre las alumnas de la “Maestra Chica”, como la llamaban, había en cierta ocasión un grupo de muchachas casaderas. Cierto día, estas señoritas se hacían mutuas confidencias sobre el eterno tema, cuando a una de ellas se le ocurrió preguntar al grupo: ¿Por qué no se casaría la maestra Chica?

“Preguntémoselo”, dijo unánimemente el resto.
Fueron donde ella estaba, llevando la palabra la más vivaracha,
“Maestra Chica, dijo, venimos a hacerle una pregunta”.
“Háganla”, contestó ella con su acento serio y afable.
“Por qué no se casó usted?”

“Sencillamente, contestó la niña Francisca, como si de antemano hubiese estado preparada para ello: “Porque los que me gustaron, no me dijeron”, “Y los que me dijeron, no me gustaron”.

Genial contestación ésta, que nos demuestra claramente que también en la inteligencia tenía semejanza con su ilustre hermano, y no solamente en lo físico, pues la niña Francisca era la vera efigie del Padre Reyes. Se dice que un retrato de ella sirvió para esculpir en mármol el busto con que la patria ha inmortalizado el recuerdo del docto sacerdote.

Y ahora, usted también lo sabe.

dos