Un viaje a la Moskitia hace más de 160 años por el Portal del Infierno

Aun el día de hoy hablar de la Moskitia es un tema fascinante ya que está envuelta en el misterio y una de las razones primordiales es el difícil acceso, solo es de imaginar cómo era en 1850 cuando viajar por la selva era una aventura extraordinaria.

El viaje le llevó a la Moskitia en 1850

El viaje le llevó a la Moskitia en 1850

Ephraim George Squier bajo el seudónimo de Samuel Baird publicó en 1855 un libro llamado “La Costa de los Moskitos“, volumen que encontramos en la biblioteca del Museo Smithsoniano y de donde les traemos un resumen; usted puede leer las historias completas en este enlace.

Una travesía por Honduras

Después que Baird recorriera la Costa de los Moskitos en Nicaragua, continuó su viaje en dirección norte viéndose en la necesidad de navegar por el Río Patuca para después pasar por Brus Laguna, Guanaja y finalmente en Belice, todos territorios bajo el dominio Británico.

El Portal del Infierno

Al viajar por el Río Patuca, pasamos por unos acantilados tan altos y escarpados como para cerrar el sol que nos llevaron a una oscuridad crepuscular. Miré hacia arriba y a una altura vertiginosa, sólo podía ver una línea fina del cielo, como si estuviera en una caverna y viera hacia el techo de la misma, entendía las razones porque se le había llamado “El Portal del Infierno”.

Respiré profundamente de alivio cuando el abismo comenzó a ensancharse y la corriente bajó su violencia, fue cuando me percaté que el lecho del río estaba lleno de piedras angulares, un desorden salvaje donde con el mal movimiento de los remos de la embarcación hubiera arrojado nuestro frágil barco hacia ellas y lo hubiera partido en mil pedazos.

Antes de caer la noche ya habíamos pasado por completo los rápidos y navegabamos en silencio sobre aguas mansas de donde salían burbujas y manchas de espuma blanca.

Hay muchas leyendas conectadas con el Portal del Infierno, los indios ven ahí un espíritu poderoso con la forma de un pájaro grande, esa noche los indios arrojaron una porción de Chicha en la corriente como una ofrenda de agradecimiento al espíritu del río. Esto, y las ofrendas hechas al fuego, Fueron los únicos ritos religiosos que presencié mientras pasé por su país.

Mientras avanzábamos por el río y entramos en los aluviones de la costa, tanto el arroyo como sus bancos de arena sufrieron un cambio completo, estaban completamente cubiertos de palmas de plumas cuyos troncos varados obstruyeron el canal, aquí y allá aparecieron las barras, sobre las cuales los caimanes se estiraban bajo el sol, ocasionalmente, observamos hinchadas o crestas de tierra de sabana, como las de la Costa de los Moskitos, llenas de pinos y acacias.

En el séptimo día alcanzamos el punto donde el río se divide, formando una delta, el canal principal que conduce directo al mar y otro que conduce a una gran laguna, llamada Brus por los españoles y donde los caribes de la costa tienen sus establecimientos, tomamos ese río y los indios remaron con energía, como si estuvieran ansiosos por poner fin a este tedioso viaje.

 

Colaboración de Marta Campos

 

2 Pensamientos

  1. RIK 21 junio, 2017
  2. Fernando Pavón 22 junio, 2017