La Moskitia, un verdadero paraíso vivo, exótico y exuberante

Cuando se habla de la Moskitia la gente lo asocia a lejanía y a selvas inhóspitas, una idea que se queda corta cuando se tiene la dicha de conocer, porque es mucho más que eso…

En esta oportunidad preferiré contarles sobre mi primer viaje a esa parte de la república, inolvidable por cierto…

El día previo, una ansiedad tremenda porque sabía que sería toda una experiencia, muchas ideas preconcebidas y de todas ellas en las únicas que pegué fue en la idea acertada de llevar mi repelente y mis botas, lo demás más perdido que el hijo de Lindberg…

Foto de www.moskitiaprana.blogspot.com

Foto de www.moskitiaprana.blogspot.com

En La Ceiba alzando el vuelo hacia Palacios, volando sobre la costa y viendo hacia la izquierda, viendo como las playas únicamente eran interrumpidas por la salida de ríos y lagunas, contrastes mágicos por doquier, aguas cristalinas, tonalidades turquesa con verdes acentos, manchas de color café saliendo de los ríos repletos de nutrientes que se fueron recogiendo por kilómetros de travesía,  un caleidoscopio vivo de colores, arrullo para los ojos como anticipándose a lo que vendría después; por las ventana de la derecha, verde y verde, interminable verde, ansiedad deliciosa de bajar y caminar en medio de tanta belleza…

Un aterrizaje típico en pista de tierra, un poco batido y agitado con el mismo latido de mi corazón, al bajar la primera sorpresa, bajando de otros aviones y saliendo de la nada, una buena cantidad de personas que definitivamente no eran de nuestro país, todos con indumentaria “tipo jungla” avanzando hacia un pequeño muelle en donde abordarían los pipantes y botes que les llevarían hasta “Las Marías” un lugar localizado dentro del río Plátano donde los petroglifos se encuentran con más facilidad que encontrar un bote de agua, caras de emoción tal como la mía y claro yo les seguiría pero con otro destino…

Petroglifos Río Plátano Foto de Jorge Salaberri-www.honduras.travel

Petroglifos Río Plátano
Foto de Jorge Salaberri-www.honduras.travel

Y es que cuando uno no está acostumbrado a ese estilo de vida todo es una experiencia, desde como montarse en la lancha hasta como agarrarse de ella, tal como en ese y en otros viajes me acompaño Mario, un compañero con quien hacíamos instalaciones de sistemas de comunicación vía satélite, perfectos para lugares como al cual iríamos…

Foto de Marco Tulio Mejía

Foto de Marco Tulio Mejía

Navegando en la laguna a una velocidad relativamente lenta nos aproximamos hacia la boca de un río de escasa anchura, como impulsado por la locura el piloto de la lancha alzó la velocidad a tal grado que la punta de la lancha iba literalmente en el aire, nosotros agarrados como pericos en la parte trasera solo rezábamos para que la lancha no se diera vuelta en una de tantas curvas cerradas dentro de la intrincada forma serpenteante del río, en el camino y tal como esos vídeos de NatGeo, una interminable lista de aves que alzaban vuelo con el sonido de los motores de la lancha, aves zancudas, otras pequeñas, de todos colores salían volando, a la derecha del río lo que pensé en un momento eran piedras eran enormes lagartos que con sus bocas abiertas tomaban el calor que necesitaban, una razón más para agarrarme mas fuerte del asiento…

 

 

El trabajo lo concluimos con premura y nuestros contratantes podían darse el lujo de llamar por teléfono y usar el internet desde la mitad de la selva, lugar donde jamás pensaron poder hacer este tipo de acciones, de carrera y de regreso a Palacios para tomar vuelo hacia Puerto Lempira, lugar que sería escala intermedia ya que nuestro siguiente objetivo era Raya.

Cabo de Gracias a Dios Foto de http://bit.ly/1eG0G9K

Cabo de Gracias a Dios
Foto de http://bit.ly/1eG0G9K

 

 

 

Raya es la comunidad hondureña localizada más al este de todo nuestro territorio, a escasos 3 kilómetros del Cabo de Gracias a Dios, el clima estaba lluvioso y por un par de horas el piloto de nuestra avioneta se negó a despegar…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

praderasUn claro en el cielo y aquella avioneta se levantó por debajo del techo de nubes, una oportunidad para estar más cerca del suelo que lo usual; a nivel del terreno una combinación increíble de pastizales cubiertos de agua que reflejaban las nubes junto a montículos enormes llenos de pinos, las praderas de la Moskitia cubiertas de tonos de verdes, un bocado del paraíso; al mismo tiempo y entre el suelo y la  avioneta un espectáculo grandioso, veníamos escoltados por una formación perfecta de aves que desde arriba lucían como flamingos o algo muy parecido, se veían con forma de “t” volando con un líder al frente y los demás como formación de cuchilla, nunca imaginé tener esa suerte, por otros rumbos muchas aves que lucían como garzas hacían que la atención se perdiera con el horizonte…

¡Ya vamos llegando y está lloviendo fuerte allá!, ¡agárrense! dijo el piloto, de una trayectoria horizontal de inmediato comenzó el descenso al estilo “Stuka”, virtualmente en picada, voló luego en forma paralela a la pista de lodo con el fin de espantar unas vacas que se habían apostado en la pista, una vuelta más y llegó lo bueno, un aterrizaje como si hubiera sido sobre una enorme barra de margarina, hizo todo el protocolo de frenado y la avioneta seguía como escupida sobre la pista, el piloto le dice al copiloto, a la cuenta de tres… Mario y yo sentados en la fila de atrás viéndonos aterrorizados sabíamos que rezábamos pero no sabíamos si al mismo santo, ese a la cuenta de tres no tenía la menor importancia hasta que dijo, 3,2,1..

Tanto el piloto como el copiloto abrieron al mismo tiempo las puertas de la avioneta con el fin de producir una bolsa de aire para detener la nave, se sintió el freno y poco a poco nos fuimos deteniendo pero con la mala suerte que al estar abiertas las puertas, el lodo que lanzaban las llantas caía justo sobre Mario y yo, una careta de lodo inesperada, una molestia despreciable ya que lo que nos importaba era que se detuviera la avioneta…

Sin haber besado el piso por el lodo, procedimos a hacer nuestro trabajo, no sin antes percatarnos de la enorme belleza de la comunidad la que está junto al mar por un lado y por los demás rodeada de bosques, praderas y manglares, llegó la hora de comer y una enorme paila de camarones nos estaba esperando, cocinadas al estilo Miskito, no se como la prepararon pero era todo un manjar…

En otra ocasión les contare las aventuras vividas caminando, navegando y conociendo la hermosa gente Miskita a quienes con el alma les digo Tinki Pali…Muchas Gracias

 

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  1. Hubert Licona 24 junio, 2015