Morazán se vistió de militar solo una vez

La imagen del personaje que es icono de las Fuerzas Armadas de Honduras usualmente es representado como militar por los artistas, cuando solamente se vistió como tal una vez en su vida; una curiosidad histórica que nos comparte La Otra Honduras.

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Nuestro país ha tenido en su historia una gran cantidad de gobiernos militares. Eso ha hecho, creemos nosotros, que nuestro pueblo se acostumbre a las cachuchas, los birretes, las insignias, las estrellas, las desfiles militares y a ver pasar aviones de combate por nuestros cielos en la fecha del natalicio del General Morazán.

Por lo que vamos a contarles, creemos que el primer sorprendido con estas demostraciones sería él. La información la obtenemos del tomo segundo de la historia de Honduras de don Medardo Mejía y dice:

“Morazán era blanco y parecía revelar en sus perfiles, su origen corso, aproximándose algún tanto al tipo griego. Alto, delgado, recto, marcial y continente digno, sereno, agradable y simpático.

Sus maneras suaves, su acción desenvuelta con cultura y su palabra fácil, acompañada de una modulación irresistiblemente atractiva, como lo confesaban sus mismos adversarios. Ninguna frivolidad se notaba en sus costumbres, tan puras, sencillas y arregladas. Huía de las diversiones, lo mismo que de exhibirse y lucirse. Evitaba las demostraciones de simpatía, los banquetes y liviandades, pero le complacía en extremo el trato de los hombres ilustrados, aunque fueran sus enemigos”…

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“Despreciaba el lujo: su casa respiraba modesta decencia, su vestido en nada se distinguía del de los demás: levita de paño, sombrero de junco, pantalón blanco y un observador minucioso que mucho se fijó en sus costumbres durante cinco años, le vio UNA SOLA VEZ CON EL UNIFORME MILITAR el año de 38.

Era enemigo de establecer diferencias de superioridad y distinguirse del pueblo. Al despacho del gobierno, iba como todos los empleados de la Federación, de frac y sombrero bolero, nunca con galones. Jamás se le vio en la calle rodeado de edecanes ni usó guardias en su casa. Paseaba solo y vivía con su familia, sin ocupar en la servidumbre ningún oficial ni soldado. Se excusaba de pasar por los cuerpos de guardia y cuando no podía evitarlo, hacía suprimir los honores militares que consideraba muy propios y envilecer a otros”.

Nos imaginamos que esto suena raro, sobre todo considerando que nuestra Escuela Militar lleva el nombre de este personaje y las cargas de condecoraciones que doblaron la espalda de más de alguno de nuestros gobernantes del reciente pasado. Pero esa es la historia y ahora, usted también la sabe.