¿Por qué desaparecieron algunas joyas arqueológicas en Honduras?

Cada vez que se menciona un descubrimiento arqueológico en nuestro país la primera expresión de la mayoría de la gente es una alusión de hechos pasados que casi todos desconocen a ciencia cierta: ¡se robaron nuestras riquezas, los gringos se las robaron, devuélvanlas!…una expresión que si la vemos desde la perspectiva histórica es toda una mentira, no se las robaron, nosotros los hondureños las “regalamos”; la historia y documentos brindan una perspectiva que solo señala a un culpable y somos nosotros los hondureños y a nadie más, la verdad se resume en un mal que prevalece en miles y es la ignorancia, ¿Por qué la ignorancia? porque cuando no se conoce sobre el valor de algo es muy fácil destruirlo y despojarse de el, cuando no se conoce lo que se tiene y se estima como identidad es fácil despreciarlo, por años Honduras is Great trabaja en la siembra del conocimiento de lo nuestro, de nuestras riquezas y valores que abundan por todos lados, algunos tangibles otros no, trabajamos mucho por quitar de la mente un estigma terrible que hace que miles desprecien nuestras riquezas y que se ocupen solamente en denigrar cualquier cosa que suene a hondureño.

El siguiente artículo “Cuando la rapiña era legal en Copán” de “La Otra Honduras” , lo dedicamos a todos aquellos que solo se dedican a criticar, aquellos que critican sin siquiera saber de lo que hablan y que son muestra de un completo desamor y falta de identidad nacional; si los hondureños de la época en la que se realizaron los descubrimientos de Copán hubieran tenido una pizca de Identidad Nacional y conocimiento del valor de nuestra historia, no habría nadie que pudiera haber sacado al exterior parte de nuestra riqueza, ni hubiera nadie fuera de nuestras fronteras a quien señalar, hechos que se pueden repetir si el hondureño no aprende a valorar lo propio, a tener arraigo en su identidad nacional… lo sucedido es nuestro amargo y merecido pago… estela

Uno no puede menos que sorprenderse si piensa en lo “poco” que aparentemente se ha descubierto de Copán. Son más de cien años de trabajo laborioso -aunque no siempre desinteresado como veremos- el que nos obliga a pensar qué pasaría si se dieran a conocer todos los cientos de sitios arqueológicos que tiene nuestro país. Acaso, como nos decía don Luis Mariñas Otero, en su libro “Honduras”, a mediados del siglo pasado, más de la mitad de esos descubrimientos estarían en colecciones y museos norteamericanos y europeos.

Prueba de la indiferencia con que el hondureño de aquella época consideraba su venero arqueológico es el relato que nos hace Stephens de su ofrecimiento al propietario del valle donde estaban situadas las ruinas un José María Acevedo de la cantidad de 50 dólares por remover todos los monumentos de donde se hallaban para transportarlos a los Estados Unidos, oferta que le fue aceptada, no habiendo ofrecido más dinero para que el campesino no entrase en sospechas sobre su posible valor; triste índice de la crítica época que atravesaba Honduras.

Los dibujos de Catherwood, de gran fidelidad, y el tono ameno de la obra de Stephens hicieron de su libro un «best-seller» entre los estudiosos de su época, a quienes dio a conocer Copán.

LAS DOS
Pero Stephens era un viajero sin preparación arqueológica y habían de corresponder al historiador inglés Alfred Maudslay los primeros estudios científico-arqueológicos de Copán, que inició en 1881 y continuó en los años siguientes, no sin enviar al Museo Británico numerosas e interesantes reliquias arqueológicas por él encontradas.

En 1891, el Gobierno hondureño concedió al Museo Peabody, de Etnología y Arqueología, de la Universidad de Harvard, permiso para trabajar en las ruinas, y en los años siguientes aquella institución organizó cuatro expediciones a Copán, que realizaron un estudio bastante intenso de las ruinas y cuevas adyacentes. Según los términos del contrato con el presidente Bográn, el Museo podría llevar la mitad de las piezas que se descubriesen, lo que tuvo como resultado que en esta época bastantes obras maestras de la arqueología hondureña emigrasen a los museos norteamericanos.

No fue sino en 1900 cuando se prohibió la exportación de reliquias arqueológicas, disposición ratificada por normas posteriores y reiteradas en el artículo 152 de la vigente Constitución hondureña. Por último, en 1935 se comenzó en firme la obra de conservación, desmonte y restauración de las ruinas de Copán, realizada por el Gobierno hondureño con la colaboración de la institución Carnegie, de Washington, que ha contribuido a convertirlas en un centro asequible al estudioso y al turista.
De esto hace casi cien años. Quiera Dios que las riquezas aún por descubrirse no sigan el camino de las primeras…

Y ahora, Usted también lo sabe.

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2 Pensamientos

  1. César-Cáceres 21 marzo, 2016
  2. Franklin Benítez 10 agosto, 2016