Un alemán, la estación espacial, la ecología y el amor a Honduras

Para amar un país no se necesita nacer en el, esta es una verdad que cobija a millones de migrantes alrededor del mundo, personas que por diversos motivos dejan su tierra natal y encuentran en otros lados lo que llegan a llamar su hogar; pero amar a un país no solo es expresar la palabra o vivir ahí, es darlo todo, es apreciar lo que tiene, cuidar el bien común y ser agente de cambio positivo en la sociedad que le cobija, un patrón de vida, algo contrario es simplemente residir en ese país…

Cierto día, el padre de Roland Rumm dejó su trabajo en la industria automotriz en Alemania y buscó un sitio para radicarse con su familia y encontró a Honduras, país del cual se enamoró, fue así que Roland siendo casi un niño se estableció en La Ceiba donde cursó sus estudios y por supuesto aprendió español, una vida que transcurrió como cualquier joven y que pronto le llevaría a trasladarse a Guanaja junto a sus padres en donde la vida en el mar y la práctica del senderismo le cautivaron por completo, actividades que tuvo que dejar porque regresó a su natal Alemania a estudiar para ser ebanista de muebles de alta calidad, actividad que le mantuvo por buen tiempo en su país pero que no logró hacerle olvidar la idea de regresar al sitio donde estaba su corazón.

Ya de regreso en Guanaja y con sus ahorros procedió a comprar un pequeño lote de terreno en medio de la montaña con la idea de construir un pequeño hotel el que construyó de madera aprovechando sus habilidades de ebanista y carpintero, un lugar con una idea muy clara, ser amigable con el ambiente, donde la energía que se consume es resultado del aprovechamiento de la luz solar, una casita acogedora donde la mejor pantalla de televisión es abrir la ventana y apreciar la belleza escénica de la isla, el bosque y el mar; un sitio donde la música ambiental es el zumbido de los colibríes que llegan todos los días a comer o con los pericos que ya tienen su plato listo para comer, sitio que llamó Roland’s Garden Guesthouse.

pericos

Roland hace trascender a Honduras y Guanaja

 

El amor que la familia de Roland le tiene a Honduras ha hecho que ellos inviten a amigos alemanes a visitar nuestra tierra, uno de ellos, Alexander Gerst, el mejor amigo del hermano mayor de Roland y que posteriormente se convirtiera en astronauta, fue invitado en un par de vacaciones en donde comenzó su aprendizaje de español en La Ceiba y por supuesto conoció Guanaja, lugares que resultaron inolvidables para Alexander y que hicieron que en su estadía en la Estación Espacial Internacional, le dedicara fotos a Guanaja, La Ceiba y Roatán, enviando un saludo al pueblo hondureño a través de Honduras is Great

Roland 3

Pero la mayor trascendencia de Roland está sobre la tierra y está muy ligada a su espíritu aventurero, ya que se ha dedicado a mostrarle al mundo las bellezas de Honduras y Guanaja a través de la aventura y la ecología, años de siembra de Mangle Rojo, el cual fue prácticamente aniquilado por el huracán Mitch, prepara excursiones de senderismo por las montañas de la isla, ha sido precursor de la práctica del rapel en las únicas cascadas que existen en las Islas de la Bahía, es un incansable motivador e impulsador del turismo ecológico además de haberse convertido en un experto en aves con lo que se ha dado a la tarea de clasificar las especies que llegan a la isla y por supuesto a darle un fuerte empuje al rubro de aviturismo en Guanaja, todo un grupo de acciones que validan su amor por Honduras y los hondureños.

La vida de Roland es Honduras, país al que ama con todas sus fuerzas y donde ya tiene a un hondureñito cuyo nombre es Santiago quien procreó junto a Julia, veterinaria que llegó a trabajar a la isla en los proyectos de asistencia animal manejados por Susan Hendrickson, la famosa paleontóloga descubridora del fósil más completo de Tiranosaurio Rex en el mundo y quien es residente en Guanaja desde hace décadas.

No podemos despedir esta nota sin compartir este mensaje que Roland le envía al mundo y que todos los hondureños tenemos que emular, para amar a un país no se necesita nacer en el, y Roland es un verdadero hondureño cuyo ombligo se quedó en Alemania, nada mas…

 

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  1. Cordelia Briceno 23 junio, 2016