Un viaje de mochilero a Copán, 28 jalones y un amor…

Les hemos estado compartiendo reportajes de Copán Ruinas, de las bellezas de ese lugar y del encanto que tiene, encanto que para mi es doble ya que viajar a Copán Ruinas fue una de mis aventuras extremas de mochilero, bueno mochila de Scout pero vale y me acordé de esta historia gracias a una publicación que acabo de ver en las redes sociales.

La odisea fue en diciembre de 1981 cuando uno de mis mejores amigos decidió entrar a la recién abierta Academia de Policía y decidimos en conjunto despedirnos del amigo con un viaje, el inconveniente que teníamos era que no teníamos dinero, pero si muchas ganas, fue así que ajustamos 30 Lempiras y nos trazamos la meta de ir a las ruinas, sitio que ninguno de los cuatro conocíamos, llenamos nuestras mochilas con comida en lata que nos regaló la mamá de uno de los que íbamos y procedimos después de las bendiciones a irnos a la carretera del norte a comenzar a pedir jalón.

En esas gradas me quedé muy cerca del Hotel Marina Copán

En esas gradas me quedé muy cerca del Hotel Marina Copán

Un viaje de día y medio que logramos hacer después de conseguir 28 jalones, perdí una chumpa, me dejó tirado un jalón mientras mis amigos ya estaban acomodados en una paila, manché mi ropa con pintura porque uno de los jalones fue en un camión de carga recién pintado, me picaron las abejas en un carro paila que transportaba apiarios, viajé con Satanás, un perro cuyo dueño no se por qué le habría puesto tal nombre porque era un perro aguacatero y flaquito, un bolo nos dio el aventón más rápido de todos y cuando llegamos a Copán Ruinas nos detuvo la FUSEP porque pensaban que eramos guerrilleros, solo el viaje de ida se convirtió en mi más épica experiencia de mochilero, inolvidable en todo sentido…

Con poco pisto en el mercado se come rico

Con poco pisto en el mercado se come rico

Al conocer el pueblo de Copán Ruinas quedé flechado por ese lugar tan lindo, las calles de piedra humedecidas por el sereno de la noche, sus casas de colores intensos y una enorme cantidad de personas; nos detuvimos a descansar en el parque en medio del bullicio de los turistas, fuimos a comer al mercado, pasamos de trucha en trucha gastando en chucherías lo poco que quedaba de los 30 pesos, fuimos al Parque Arqueológico y enamoramos a unas chelitas en el pueblo, absolutamente todo fue tan fantástico que dejó una huella grabada en mi mente.

Después de varios años repetí el viaje pero ya de forma civilizada y en esta última ocasión que fui con La Marimba, fuimos atendidos por personas maravillosas del lugar donde tuve de nuevo ese sabor que disfruté la primera vez que conocí Copán Ruinas, un sitio que si ha cambiado es para mejorar, sus calles empinadas y ese ambiente seguro que invita a disfrutar, comida deliciosa y extraña hasta cierto punto para un capitalino , sabores y olores diferentes, cultura a cada paso que das.

Les invito a que conozcan ese bello rincón de Honduras, conozco todo el país y me parece precioso, pero Copán Ruinas cuenta con “ese algo” que te hace soñar.

Gracias a mis amigos del viaje de mochilero, César, Luis y Javier; gracias a mis amigos de La Marimba, María Esther, Anna, María José, Charlie, Marvin, Richie y Guni; gracias a Nando Castillo quien fue la voz que me convoco para este viaje de amor a Copán y por supuesto a  las maravillosas personas que nos atendieron, Sandra, Flavia, Ricardo, al Alemán, al Gringo, el italiano y a todos y cada una de las personas que nos hicieron soñar en Copán Ruinas.

La Marimba

La Marimba

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2 Pensamientos

  1. Luis R. Muñoz 27 septiembre, 2016
  2. Fernando Carias 28 septiembre, 2016